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BoraBora

Romántico paraíso
Por: Sandra Braun R. | Fotografía: Cortesía
Paradisíaco, exuberante, tropical, hermoso, relajante, maravilloso…y sí, ¡es todo esto y mucho más! Es el escenario ideal y románticamente perfecto para la luna de miel que todos hemos soñado. Ubicado en el Pacífico Sur, entre Australia y Sudamérica, forma parte de la Polinesia francesa, esta isla (o correctamente dicho, atolón) es, sin duda, el paraíso terrenal.

El Monte Otemanu es el pico más alto (a 727 metros de altura) de lo que es el remanente de un extinto volcán, y el cual se erige majestuoso al centro de la isla; sin lugar a dudas, el sitio más fotografiado de este bellísimo lugar y al que podemos acceder después de una caminata de dos horas aproximadamente y dejarnos sorprender por una vista inigualable.

Esta aventura no estaría completa, sin hospedarnos en uno de los característicos búngalos construidos sobre el mar. Esto es posible debido a la formación geológica que permitió la creación de un tipo de laguna rodeada de una barrera coralina, así, el oleaje jamás se elevará y nosotros podremos disfrutar en medio de los innumerables tonos azules, turquesa y verdes del mar, peces tropicales nadando a nuestros pies –literalmente- y comida traída directo a nuestra habitación por medio de lanchas. Aquí dejarse consentir es la prioridad número uno, los lugareños son expertos y jamás dejarán de sorprenderte con el excelente servicio y su gran amabilidad.

El llamado “Lagoonarium” se encuentra en el pueblo de Vaitape, y es aquí donde podremos experimentar el nado, buceo o esnorquelear con todas las criaturas marinas de la zona: tortugas, delfines, mantarrayas, peces multicolores, incluso, tiburones de arrecife. Al terminar podrás tomar un tour por otro más de los “Motus” (islotes del arrecife) o bien, explorar otras partes de la isla, ya sea en jeep o a caballo.

Otro atractivo turístico son los cañones de la Segunda Guerra Mundial que se encuentran en la punta “Fitiu”, éstos fueron dejados por soldados estadounidenses, quienes utilizaron la isla como base para combatir a los japoneses en dicho suceso bélico. Podremos aprovechar para trasladarnos en bicicleta y así seguir descubriendo la naturaleza salvaje de Bora Bora, que no dejará de sorprenderte por su riqueza y variedad.

Para coronar la luna de miel, te recomiendo tomar un pequeño crucero que sale por las tardes para deleitarte con la puesta del sol. El espectáculo visual es por demás brillante y sublime, además de que los agasajarán con una deliciosa cena al ritmo de cantos y bailes polinesios, leis (típicos collares de flores de la zona) y, sobre todo, mucho amor; no querrás que se acabe este momento.

En Bora Bora pasarás una luna de miel extasiante, sus colores y naturaleza te fascinarán y podrás atesorarlo en tu memoria como uno de los viajes y experiencias más importantes de toda tu vida.


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