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Cuando la rutina visita al amor

Por: Anna García Gollaz | Fotografía: GfXtra 05 de Marzo de 2017
Visitante silencioso, que sin previo aviso, llega, se instala y viene a entregar el siguiente mensaje: renovarse o morir.

La palabra “rutina” tiene como raíz etimológica “route”, del latín “ruta”; es decir, el camino trillado que ya se conoce a ojos cerrados y donde ya no queda nada nuevo por descubrir. Imaginemos por un instante qué sería de nuestros sentidos si sólo fuéramos capaces de darles un solo aroma, sabor, color, sonido o textura, especialmente si estamos conscientes de que existe una inmensa variedad de éstos. ¡Sería terrible!

En el caso de la vida en pareja, esta amenaza es latente con el paso del tiempo, y debemos estar alertas y en vigía para cuando esta situación aparezca, porque de algo podemos estar seguros: aparecerá. Si no estamos preparados, puede ser una catástrofe de dimensiones incalculables para nuestra armonía, nuestra plenitud personal y de pareja.

Con lo anterior me refiero a esa imagen del otro, a esa caricia, a ese beso, a esos temas de conversación que en un inicio y durante un buen tiempo nos mantuvieron en estado de éxtasis y fascinación, pero que al no ser conscientes de la necesidad de renovarles, se convierten en una ruta trillada hacia el encuentro del otro, dejando de lado el misterio, el asombro y el redescubrimiento constante de uno mismo y de nuestra pareja.

Porque, no es que seamos siempre los mismos; de hecho, los seres humanos estamos cambiando continuamente, si hasta las células de nuestro cuerpo se renuevan cada cierto tiempo. Con mayor razón, qué no sucederá con nuestros gustos e intereses, con nuestra forma de pensar o sentir respecto a tantos temas.

El problema para mí, más bien radica en la siguiente expresión: ”Dar por hecho”. Damos por hecho que: “Es para toda la vida”, “Así le gusto”, “Él o ella saben que se les quiere”, sin necesidad de decirlo o demostrarlo; que “Él/ella serán siempre los mismos”. ¡No es cierto! Nadie será siempre el mismo o la misma persona que conociste; ni tú tampoco. El gran error es actuar como si así fuera.

¿Cuándo fue la última vez que le preguntaste a tu pareja si necesita algo diferente en su relación? ¿Cuándo fue la última vez que te preguntaste a ti mismo si necesitas algo diferente en tu relación? Es una simple pregunta que puede estar aguardando respuestas inesperadas y urgentes.

La creatividad es un valor y un ingrediente indispensable en la relación de pareja como en todos los aspectos de la vida. Inventar una nueva caricia, una nueva dinámica en la intimidad o en la vida cotidiana, son tan importantes como una reinvención personal constante, que va desde un cambio de apariencia de vez en cuando, hasta el crecimiento intelectual, emocional y espiritual. Los riesgos de no hacerlo pueden ser muy altos; la pérdida del interés, la sensación de vacío e insatisfacción, la soledad en compañía e, incluso, la infidelidad, son algunos de ellos. En cambio, los regalos pueden ser enormes, como descubrir que puedes enamorarte de la misma persona una y otra vez, y créeme que ésa es una aventura fascinante. Si la rutina está de visita en tu relación, no te asustes, invítale un café y pregúntale qué debes hacer para que se marche tranquila; su intención no es quedarse a tu lado, sino confrontarte para que hagas los cambios que te corresponden y sigas construyendo una vida en plenitud.

 

Anna García Gollaz

Coach personal y de pareja; autora del libro “Mientras tú bebías”.

Tel.: 01 (477) 3244987

Facebook: Anna García Gollaz Mientras tú bebías.


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