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El amor es incondicional, las relaciones no

Por: Ana Elaine García Gollaz | Fotografía: GFXTRA 07 de Abril de 2015
Quien ama y se ama a sí mismo incondicionalmente, sabe establecer límites adecuados en sus relaciones.

Marianne Williamson, en su libro “Volver al amor”, me mostró esta enorme verdad: “El amor es incondicional, las relaciones no”. Fue como si al leerla, de pronto un enorme velo cayera de mis ojos para dejarme ver con total claridad la raíz de muchos de mis problemas en el pasado y los de muchos seres humanos a mi alrededor; pues al crecer en una cultura que nos ha enseñado a condicionar el amor y, a la vez, a permitir diversas clases de maltrato, sin el establecimiento de límites claros y contundentes, es que esta frase de oro cobra sentido y nos revela un gran secreto para volver al amor; a relaciones sanas, duraderas y, sobre todo, constructivas.
 
Qué común era escuchar a nuestros padres decir: “¡Si no haces ‘esto’ o ‘aquello’ ya no te voy a querer!”; o en su defecto, al hacer algo que les complacía nos llenaban de besos. Justo en ese preciso momento nos manifestaban cuánto nos amaban. Por supuesto que su amor estaba siempre ahí, era inamovible; sin embargo, el doble mensaje que recibíamos era totalmente contradictorio: “Te amo (siempre y cuando hagas lo que yo quiero)”. Un tema del que a final de cuentas nadie es culpable, pues como bien lo dijo Louis L. Hay: “Todos somos víctimas de víctimas”. Así es como se les enseñó a educar a muchos de nuestros padres y abuelos; el fondo era amoroso pero las formas no eran así exactamente. Hoy día, encuentro parejas prácticamente divididas y distanciadas entre esta paradoja: por un lado, se niegan el uno al otro el regalo de la aceptación y las muestras de amor mutuo, pues están convencidos de que su pareja no debería ser quien es, y que sólo si “cambia” será digno de recibir su amor de nuevo; pero por otro lado, permiten conductas inaceptables, diversos tipos de agresiones y malos tratos, y a pesar de eso continúan dentro de esas relaciones, siendo el blanco estático de dichos disparos.
 
Pero como ya lo he manifestado en ediciones anteriores, no puedo dar algo que yo mismo no tengo, ni exigir algo que no doy. ¿Será qué llegará el día en que yo mismo aprenda a amarme y aceptarme tal cual soy? El día en que a pesar de no sentirme en el mejor de los momentos, me trate con comprensión y respeto y deje de maltratarme y castigarme por olvidar las llaves o romper un vaso o cometer cualquier error, que a final de cuentas, sólo me recuerda que pertenezco a la raza humana.
 
No condiciones tu amor a ti ni a nadie más, condiciona el trato, es decir: “Te amo tal cual eres, eso no puede cambiar, pero si me agredes en cualquier forma por sutil que sea, yo no estoy (…) Tú puedes gritar, insultar, minimizar, humillar, etc., pero no a mí”. Ese día glorioso en que aprenda a amarme y a amar al otro tal cual es, con defectos y virtudes, con toda su luz y con todas sus sombras, sin por ello convertirme en un tapete sobre el cual yo mismo o cualquier otro pueda pisar, ese día será cuando estaremos viviendo en carne propia una de las más grandes expresiones del amor; una experiencia que te deseo de todo corazón. ¡Hasta la próxima!
 
Ana Elaine García Gollaz
Entrenadora personal y de pareja, autora del libro “Todo lo que te sucede tiene nombre y apellido”.
Tel.: (477) 324-4987 / ID 52*174376*2.

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