Leon 17
Artículos
Línea horizontal

Hasta que la muerte nos separe

Duelo por el fallecimiento de la pareja.
Por: Ana Elaine García Gollaz
Toda pérdida causa dolor, pero la muerte de un ser querido es la más intensa y amarga de todas, especialmente si se trata de nuestra pareja.

“Todos los que amas se irán, o te irás tu primero”. Suena cruel, pero es una realidad de la que nadie podemos escapar, todos y cada uno de nosotros estamos sentenciados a muerte desde el momento en que nacemos. Y a pesar de que ésta es la única certeza real con la que contamos los humanos, el dolor y el desasosiego son inevitables.

Alguna vez leí con asombro acerca de una estadística realizada en los países sajones, listaba las situaciones más dolorosas por las que puede atravesar un ser humano, y para mi sorpresa, esta lista era encabezada por la muerte de la pareja.

Como persona y como tanatóloga, siempre pensé que este lugar correspondía invariablemente a la pérdida de un hijo, pero la explicación era totalmente lógica y comprensible.

Cuando muere un hijo y la pareja permanece unida, el dolor inmenso que ambos sienten es totalmente compartido, los dos experimentan lo mismo, es decir, hay alguien que puede comprender lo que nos pasa. En cambio, cuando la pareja es la que fallece, nadie, absolutamente nadie puede comprender, ni compartir nuestro dolor, a nadie le está pasando lo mismo, estamos solos con nuestra pérdida.

El silencio se vuelve el único sonido, y la persona sólo puede preguntarse: “¿Cómo podré seguir viviendo, caminando, respirando, existiendo sin él o ella?”.

Y es que no sólo se ha perdido al ser amando, al compañero o compañera de años o de toda una vida, con su partida llegamos a sentir que también hemos perdido la posibilidad de amar y ser amados, de tener una relación profunda e íntima, de sentirnos protegidos o contenidos por quien más y mejor nos conocía en la vida, todo ha cambiado: el aroma de la casa, las rutinas, el estado civil, el contrapeso en nuestra cama, los amaneceres, los anocheceres; nada será igual jamás.

¿Quién que no haya experimentado este dolor podría entendernos? Quizás ésa es justamente la parte más difícil de sobrellevar en nuestra nueva realidad: “La soledad”.

 
- "La negación, el enojo, la culpa, la depresión, la fecundidad y la aceptación serían las etapas naturales por las que habríamos de transitar ante una pérdida." -

Respetar y hacer respetar el ritmo que sintamos adecuado para vivir este proceso será lo más indicado, por ejemplo: Hablar de ese ser amado ahora ausente todo el tiempo que queramos hacerlo, llorar hasta sentir que descansa un poco el alma, conservar sus pertenencias hasta que estemos listos para desprendernos de ellas. .El tiempo que cada persona necesita para concluir un proceso de duelo por muerte, varía sin lugar a dudas, no es necesario fijar plazos para el dolor, ni aceptar calendarios ajenos. Sin embargo, se recomienda que al pasar dos años desde la muerte del ser querido, se observe detenidamente si la persona se ha quedado estancada en alguna de las etapas normales del proceso de duelo, pues podríamos estar hablando de lo que se llama un duelo patológico.

La negación, el enojo, la culpa, la depresión, la fecundidad y la aceptación serían las etapas naturales por las que habríamos de transitar ante una pérdida.

El primer año es, obviamente, el más complicado y doloroso de todos: será el primer cumpleaños, la primer navidad, el primer año nuevo, el primer aniversario…  sin él o ella, el segundo año es posible que sea menor la intensidad del sentimiento.

Resignarse (re-asignarse) a la vida cotidiana sin esa presencia, será un camino largo y solitario a vivir de manera consciente, amorosa y paciente con nosotros mismos (esto último puede hacerlo más llevadero), hasta lograr aprender a vivir sin el otro, o mejor dicho, hasta lograr aprender a convivir con el recuerdo y la presencia ahora espiritual de aquel ser que desde donde se encuentre nos acompañará hasta el reencuentro, pues algún día nosotros también habremos de volver a casa, y ahí nos volveremos a encontrar. El cuerpo no es eterno, el amor sí lo es.


Artículos destacados

Buen vivir
 Deja un comentario