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Ideas con poder

Mis creencias, ¿me construyen o me destruyen?
Por: Anna García Gollaz | Fotografía: Especiales 10 de Julio de 2017
Aprender a desaprender es quizás la forma de madurez que más tiempo nos puede llevar a adquirir.

Dicen los expertos que nuestro sistema de creencias más fuerte es aquel que formamos durante los siete primeros años de vida. Es como el ordenador que nuestros padres y figuras de autoridad más significativas implementaron en nuestro inconsciente, algunas veces intencionalmente y muchas otras por accidente, siendo estas creencias las que marcarán gran parte de nuestra vida para bien o para mal.

Estoy segura de que si todos los padres supiéramos la relevancia que tienen nuestras palabras y nuestras acciones (durante los primeros años de vida de un niño) seríamos más cuidadosos al respecto, pero paradójicamente es cuando menos lo hacemos, pensando erróneamente que los infantes no comprenden gran parte del mundo de los adultos. De tal manera, que cuando crecemos nos topamos con que muchas de esas creencias, arraigadas en la niñez, son limitantes constantes en muchos ámbitos importantes de nuestra vida. Por ejemplo: cuando por más que trabajamos no logramos obtener los resultados económicos deseados, sin siquiera sospechar que detrás de la ‘mala suerte’ podrían estar escondidos archivos encriptados en nuestro inconsciente que dicen: "El dinero pierde a las personas" o "De los pobres será el reino de los cielos". Otras creencias absurdas o mal entendidas, nacen de frases como: "Todos los hombres (o mujeres) son iguales..."; interpretación: no confíes en el sexo opuesto. Entonces, ¿cómo lograremos hacer parejas sanas y estables, si las percibimos como una amenaza? A mi consultorio llegan a menudo personas con gran dificultad de establecerse en pareja, y una de las tareas que frecuentemente les pido realizar es la de responder en papel la siguiente pregunta: ¿Por qué no quiero tener una pareja? Muchos me miran extrañados, como diciendo "¡Estás loca! Estoy aquí justo porque quiero tener una pareja", pero cuando realizan la tarea se dan cuenta de que es inevitable que todas sus creencias inconscientes salten en palabras durante ese ejercicio.

La mayoría escribe aspectos similares: “Porque no quiero perder mi libertad” (interpretación: Una pareja es igual a una prisión); “Porque no quiero que me lastimen” (interpretación: El amor es algo malo y peligroso). A lo que yo contesto, ¿Eso es verdad? Cuando confrontas e indagas tus creencias más inconscientes, generalmente te das cuenta de que muchas de ellas están equivocadas y que fueron cimentadas en ti por la experiencia dolorosa de alguno de tus progenitores, que seguramente, también fue marcado por las creencias de alguien más, y que siendo así las llevó a la realidad. Desgraciadamente, aquello que creemos está destinado a suceder, pero no porque sea verdad; nuestro inconsciente nos lleva a generar aquella realidad para confirmar la creencia.

Basta encontrar un ejemplo de vida diferente para que esa creencia se desvanezca y pierda todo el poder que ejerce sobre nosotros, pero esto no será posible si no hacemos un alto para revisar cuántas de nuestras creencias son equivocadas y nos están obligando a vivir una realidad muy distinta a la que queremos. ¿Cómo andan las tuyas? ¿Te están construyendo o te están destruyendo? ¡Hasta la próxima!

+INFO: Anna García Gollaz

Coach personal y de pareja; autora del libro “Mientras tú bebías” (Ediciones Urano) | www.centroamores.mx | (477)  3244987 | FB: @CentroAmorEs


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